Un final feliz

RESEÑA
Foto por: Caníbal

La última película de Michael Haneke no tiene un guion perfecto ni una puesta en escena tan inteligente como parece, pero lo que dice, lo dice en un tono imposible de imitar: es Haneke puro.

Por Sergio Huidobro @sergiohuidobro

 

En la más reciente película de Michael Haneke hay varios intentos de suicidio, adulterios, revanchas y un perro ladrando todo el tiempo, pero nada de eso está a la vista del espectador. Maestro consumado en el arte de la elipsis, con el tiempo el cineasta austriaco ha ido puliendo un método para esconder la mugre debajo de la alfombra de alcobas impecables, para después hacer una película entera sobre la alcoba, pero que habla sobre la mugre, obligándonos a buscarla por todos lados hasta dar con ella. Con ese método, mezcla de sarcasmo y angustia intelectual, emprende su primera exploración de la comedia negra, o lo que sea que el director de El listón blanco entienda por ello.

El catálogo de rostros vuelve a poner a Isabelle Huppert y a Jean-Louis Trintignant que ya habían ensayado en Amour (2012) y que, al mismo tiempo, trae a la mente a los personajes que ella interpretó para Claude Chabrol y él, para Kieszlowski, en Tres colores: Rojo (1994). Un final feliz resume algunas semanas en la vida de una familia patriarcal comandada por el patrono (Trintignant) y su hija mayor (Huppert) a la cual llegan a vivir el hijo menor (Mathieu Kassovitz) y la hija de este, una chica de trece años (Fantine Hardouin) fascinada en secreto con la muerte, la infidelidad y los vloggers.

Confieso que, contrario a la transparencia, franqueza e inmediatez gráfica de películas como La pianista (2001 ) o Juegos sádicos (1997), a Un final feliz es necesario volver hasta dos veces para pelar todas las capas de su cebolla, conectar todas sus esquinas y llegar a entenderla como algo mucho más amplio que su aparente minimalismo. Ni tiene un guion perfecto ni una puesta en escena tan inteligente como parece, pero lo que dice, lo dice en un tono imposible de imitar: es Haneke puro.

Retrato engañoso y afilado de una tribu burguesa del norte de Francia, en búsqueda constante de una plenitud imposible, Un final feliz es un juego de ajedrez donde la clave está en el título: hay una especie de felicidad en el final, una suerte de plenitud, pero está enterrado debajo de capas y capas de miseria moral. Por una vez, la alfombra está escondida debajo de la mugre y no al revés.

 

Un final feliz

(Happy End, Austria-Francia-Alemania, 2017)

Duración: 110 min.

Dirigida y escrita por Michael Haneke

Fotografía de Christian Berger

Distribuye: Cine Caníbal

TRAILER

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