YO SOY SIMON o las dificultades de ser uno mismo

RESEÑA
Foto por: 20th Century Fox

La cinta de Greg Berlanti propone la búsqueda del amor propio a través del descubrimiento y aceptación sexual de un adolescente.

Adaptada de la novela Simon vs. the Homo Sapiens Agenda (2015) de Becky Albertalli, Yo soy Simon (Love, Simon, 2018) es un drama romántico adolescente con temática LGBTQ que habla sobre las dificultades a las que se enfrenta un joven estudiante de preparatoria debido a su orientación sexual.

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Simon (Nick Robinson) es un estudiante que comparte grandes momentos con su familia y amigos; sin embargo, tras cosechar una amistad online con un compañero de escuela desconocido con el que comparte un gran secreto, le empieza a colmar la inquietud de expresar sus preferencias sexuales con las personas cercanas a él, al mismo tiempo que debe lidiar con el acoso e intolerancia de algunos compañeros de escuela.

Escena group shot con personajes adolescentes en el patio de una preparatoria en Love, Simon (2018)Foto: Them

Siendo la primera película producida por un gran estudio enfocada en un romance adolescente homosexual, Yo soy Simon es una película franca y jovial que lucha por retratar la importancia del amor propio por medio de las dificultades a las que se enfrenta un joven de preparatoria al intentar demostrar su lugar en el mundo.

Y con la acertada dirección de Greg Berlanti, la cinta se desenvuelve sin mayor problema; muestra las personalidades carismáticas del reparto principal y hace bien al demostrar que la lucha por aceptar y compartir los ideales personales, es muchas veces injusta: ¿se debe pagar un alto precio tan sólo por no ser parte del canon establecido en sociedad? La respuesta, claro, es no. Sin embargo, tal como sabemos y demuestra la historia de Simon, la intolerancia a lo diferente genera una difícil y contradictoria realidad retrógrada.

La atmósfera audiovisual consolidada por Josh Guleserian y Rob Simonsen hace que el filme se sienta melancólico, con escenas en las que el contraste entre cálidos y fríos se funde de manera que pareciera que estamos en medio de un sueño retro, razón principal (junto a su tratamiento romántico) por la que muchos la han comparado con el famoso estilo de John Hughes.

Del reparto sobra decir que exuda gran química, así como que genera empatía instantánea con la audiencia: cada personaje demuestra sus mejores gracias y su lado más sensible sin problema. Abunda la conciencia, amor, amistad, compañerismo e inteligencia con un positivismo tan evidente, que por un lado funciona y apoya la temática de la película, pero que también puede agotar a más de un asistente.

¿Por qué verla?

Yo soy Simon incorpora una serie de mensajes optimistas, no solo para el público joven sino para todas las edades, con los que se intenta romper estereotipos y desdibujar las barreras convencionales para que todos crezcamos en criterio. Además, posee una escena en la que el protagonista trasgrede la cuarta pared para darnos un golpe de realidad, que no tiene precio.

¿Por qué no verla?

Aunque fresca y entretenida, Yo soy Simon guarda el ritmo narrativo y la estética audiovisual común de las películas coming-of-age, que si bien es uno de sus grandes aciertos, puede no ser del gusto de todos; sin embargo, vale la pena darle una oportunidad para presenciar una perspectiva distinta de la problemática existente dentro y fuera de la comunidad LGBTQ. 

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