CINCUENTA SOMBRAS LIBERADAS cierra la franquicia de las falsas expectativas

RESEÑA
Foto por: Universal Pictures

La última parte de la saga Cincuenta sombras de Grey puede ser el cierre ideal para los fans más acérrimos, pero sigue padeciendo los errores narrativos de la prosa de E. L. James.

Tras sobrevivir a las dos entregas anteriores (la primera a cargo de Sam Taylor-Johnson y las dos últimas dirigidas por James Foley), este viernes 9 de febrero estrena Cincuenta sombras liberadas (Fifty Shades Freed, 2018), última parte de la trilogía cinematográfica basada en las novelas homónimas de E. L. James (erróneamente denominada referente del género erótico) sobre la relación esclavo-maestro que mantiene el joven y exitoso empresario Christian Gray (Jamie Dornan) y la virgen y recién egresada Anastasia Steele (Dakota Johnson).

Dakota Johnson y Jamie Dornan en 50 sombras liberadasFoto: The Playlist

Cincuenta sombras liberadas empieza con la esperada celebración nupcial entre Anastasia y Christian, pues como vimos en su predecesora, no importa cuán psicológicamente desbalanceado esté esa persona especial, siempre puede compensarlo con unas cláusulas nuevas al contrato, una serie de lujos que alteran las expectativas de lo real en la audiencia fiel y una pedida de mano; por lo que no extraña que, aunque lejos de la tortura cinematográfica que significó la primera entrega, las adaptaciones nacidas de la prosa de E. L James poco resulevan de sus problemas:

En esta ocasión, la química entre los protagonistas es menos acartonada, y las escenas sexuales (aunque sin chispa y casi de obligación), son menos teatrales e incómodas; sin embargo, aún abundan las secuencias de desnudos parciales sin razón. Por otra parte, la comedia es un poco más puntual, posee más sentido y aligera la carga de una propuesta audiovisual que resalta mucho de lo que no debe hacerse en el cine.

Escena de 50 sombras liberadas con american shot a Dakota Johnson, Jamie Dornan y el personaje de la arquitectaFoto: Just Jared

La estructura narrativa es otro de los grandes conflictos, si bien entretiene a ratos, es desproporcionada y fusiona una diversidad de géneros que no terminan de ser explorados ni aportan al argumento principal, que dicho sea de paso, nunca quedó bien establecido: hace falta más que una serie de desnudos injustificados, secuencias inconclusas de encuentros sexuales y atisbos de las prácticas BDSM (pretexto para crear un interés romántico precipitado entre personajes penosamente desarrollados), para crear un digno representante del género erótico.

En cuanto a la técnica y arte del sonido, montaje y fotografía, la saga Cincuenta sombras de Grey eclipsa toda su posibilidad narrativa: ni explora ni expone nuevas tendencias y se limita a cubrir estándares básicos para su distribución; de ahí que gran parte de la película se sienta como un extenso video musical en el que toman partido algunos covers de éxitos como Never Tear Us Apart (original de INXS).

La última escena, SPOILER ALERT!, pretende redondear la historia y brindar catarsis, aunque es convencional y predecible: lanza los créditos después de cerrar la puerta del gran salón rojo por última vez y esclarece que los personajes vivirán felices para siempre sin abandonar sus rutinas de juego; sin embargo, por aquéllo de las distracciones, hay un breve y meloso epílogo que da por entendido el provechoso porvenir de los protagonistas... para que no quede ninguna duda.

¿Por qué verla?

Entre otras cosas, esta última parte otorga una visión menos desorientada y desesperante de Anastasia, quien además de ser el objeto de sumisión (más burdo que sumiso) en el contrato, no consolidaba personalidad alguna, haciendo la relación más insípida de lo que ya había sido escrita: Ana es más segura al reclamar lo que suyo, hace bien su trabajo (o al menos eso dicen los personajes de la cinta), tiene la capacidad de retirar millones del banco tras ser extorsionada y, bueno, pone en su lugar a Christian en un par de ocasiones, aunque con una actitud que lejos de empoderarla la retrata como una falsa víctima. 

¿Por qué no verla?

Adicional a lo anterior, a nadie escapan vacíos argumentales como que Christian no ha logrado madurar ni hacer las paces con su pasado a lo largo de tres películas (aunque sí pudo enamorarse de manera auténtica) exagerando su actitud posesiva y vengativa... o que ninguno de los protagonistas tuvo la decencia de hablar de cosas importantes que conlleva el matrimonio, ANTES DEL MATRIMONIO (como que uno de ellos desea tener hijos y el otro no tanto). 

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Al final, tanto Cincuenta sombras liberadas como la saga en totalidad, quiere ser todo pero termina por consolidar nada, dejando una espinita sin resolver entre los cinéfilos que dan una oportunidad a todo tipo de títulos para encontrar una razón del éxito desmedido de películas con poca sustancia... lástima por la participación desaprovechada de Marcia Gay Harden o la incursión genérica de Danny Elfman en la composición musical.

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