Grandes Esperanzas, de Cuarón: la mejor adaptación de libro a cine

NOTA
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De esas pocas veces en las que el libro y la película son igual de espectaculares.

Por Belén Gómez Pereira | @belgope

“El libro siempre es mejor que la película”. Frase cliché que nos hace sentir auténticos literatos, amantes del papel y de la nostalgia. El cine siempre pasa a un menospreciado segundo plano; la palabra escrita invariablemente irá por encima de lo expresado en la pantalla grande. Bajo esta óptica, ninguna experiencia superará a una tarde tranquila, escuchando la lluvia caer mientras sostenemos en la mano un libro fabuloso. Y es cierto: como aficionada a la lectura, para mí no hay actividad que se le compare. Sin embargo, aquella frase que utilicé en un comienzo no creo sea acertada. Hay grandes películas basadas en textos mediocres, y también, en rarísimas ocasiones, el libro y el filme son igualmente grandiosos.

Es en el segundo terreno donde están las “Grandes Esperanzas que reunieron a Charles Dickens y a Alfonso Cuarón. Dickens es uno de mis escritores consentidos. David Copperfield, Oliver Twist e Historia de dos ciudades me hicieron llorar (literal), mientras pensaba en lo poco que se me antojaba comer el tan referido pudín de carne. Sus detalladísimas descripciones me transportaban a la deprimente Londres decimonónica, un lugar brumoso lleno de chimeneas y niños huérfanos que reparten periódicos. Si bien yo ya era una fiel fanática suya, leer Grandes Esperanzas fue para mí como un orgasmo literario. Quizás se deba a que soy una fan closetera de los cuentos de amor tristes, pero el joven Pip enamorado perdidamente de la frívola Stella me conquistó. Pocos pasajes hay en la literatura más dolorosos que cuando Pip descubre que es el convicto y no la señorita Havisham su benefactor.

Un par de años después de haber leído esta joya descubrí Grandes Esperanzas de Alfonso Cuarón (1998). Recuerdo cuando salió en el cine y mis papás me prohibieron ver la película, pues en el póster salía una monumental Gwyneth Paltrow desnuda. Tuve que esperar para rentarla en Blockbuster donde, afortunadamente, las tapas de los DVDs eran genéricas. No habían pasado ni 10 minutos para cuando ya había sucumbido a su encanto. Lejos de ser una adaptación literal de la obra de Dickens, era una versión moderna situada en la actualidad, lo que involucraba muchos cambios, desde el nombre del protagonista a Finn hasta el hecho de que él se convierte en artista, no en un caballero. Sin embargo, el fondo de la historia seguía ahí, demostrando por qué los clásicos son clásicos. Y el grandioso Cuarón supo sustraer esta esencia y traerla a nuestros días.

Ahora, regresando a mi referencia anterior, el filme es un orgasmo visual y auditivo. La fotografía de Emmanuel Lubezki es mágica: la pantalla es un lienzo de tonos verdes que funcionan como un hermoso y permanente recordatorio de que la esperanza es el factor desencadenante de toda la narración. Sobra decir que tanto Ethan Hawke como Gwyneth están bellísimos; él con su cara de joven inocente, ella con su elegancia natural (contadas escenas tan eróticas y menos explícitas como el momento en el que la mano de Finn se cuela por debajo del vestido verde limón de Estella). Y por si fuera poco, Robert de Niro interpreta al ex presidiario que como agradecimiento a aquel niño que lo ayudó tiempo atrás, se convierte en su benefactor anónimo.

Fox

Mención aparte merece el soundtrack. Sencillamente F A B U L O S O. Canciones de Pulp, Tori Amos, Iggy Pop y Chris Cornell, así como los créditos armonizados con “Life in Mono” de Mono… ¿se podría pedir algo más perfecto? Rómpete corazón en mil pedazos cuando un pasado de copas Finn grita bajo la lluvia al balcón de Estella “¡Lo hice! Soy un éxito. Vendí todos mis cuadros. No tendrás que avergonzarte de mí. ¡Soy rico! ¿No es eso lo que querías?¿No es genial? ¿No eres feliz ahora? ¿No puedes entender que todo lo que hago, lo hago por ti? Cualquier cosa que puede ser especial en mí, eres tú”, mientras se escucha “Kissing in the Rain” de Tori Amos. Esta misma melodía suena cuando Finn llega al restaurante, baila con Estella, la secuestra, y la besa bajo la lluvia (el sueño de cualquier romántica).

Honestamente, se trata de uno de mis libros favoritos, pero también de una de mis películas más queridas. Remueve en mí muchísimos sentimientos y se me hace un buen ejemplo de que hay veces en que literatura y cine consiguen un empate. Claro está que es una opinión muy personal, pues el mismo cineasta ganador del Óscar lo describe como “un filme completamente fallido”. Lo siento, Cuarón, esta vez acordaremos no estar de acuerdo.

 

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