¡"El planeta de los simios" cumple 50 años!

NOTA
Foto por: Archivo

Hace medio siglo, la franquicia distópica más inteligente (e inquietante) del cine americano irrumpió en las pantallas. Recordamos su legado.

Por Carlos Ochoa @Charles_Ryder

 

Desde tiempos inmemoriales, la relación entre el ser humano y sus primos cercanos, los simios, siempre ha causado una fascinación deslumbrante en la raza humana. Las similitudes entre nosotros y las especies de monos que habitan el planeta no solo siguen marcadas mil millones años después de haberse separado sus caminos evolutivos, sino que además fomentan los misterios y la búsqueda de más respuestas con respecto a la vida en nuestro planeta y han ayudado a que comprendamos tanto aspectos de ellos, como de nosotros mismos. Es justo esta enajenación por el tema la que inspiró la novela de ciencia ficción El planeta de los simios (1963), escrita por Pierre Boulle, exagente del servicio secreto francés, y cuya premisa sobre un planeta dominado por monos en done los seres humanos son reducidos a un estado salvaje llamaría rápidamente la atención de público y, por supuesto, de los grandes estudios de Hollywood.

20th Century Fox

La oportunidad era demasiado buena para dejarla pasar e, impulsada por el reto de crear efectos especiales que fueran más complejos, la novela de Boulle llegó a la pantalla grande en 1968 de la mano del director Franklin J. Schaffner y respaldada por APJAC Productions y los estudios 20th Century Fox. Protagonizada por Charlton Heston, quien gozaba ya del éxito taquillero y ante la crítica por Los diez mandamientos (1956) y Ben-Hur (1959), acompañado de Roddy McDowall, Kim Hunter y Maurice Evans, El planeta de los simios fue todo un huracán en la taquilla y ha pasado a la historia del cine no solo como una de las películas más recordadas de la década de los 60, sino también como una de las grandes aportadoras al género de la ciencia ficción, tanto por su tecnología y efectos visuales, como por su comentario sobre el colonialismo, la discriminación racial y la genética de la evolución.

20th Century Fox

A esta primera película, seguirían cuatro más entre 1970 y 1973, cada una con una recepción de menor a mediocre, seguidas de un largo periodo de sueño antes del desabrido remake dirigido por Tim Burton, en el 2001. Tras una acogida fría, la franquicia volvió a desaparecer hasta 2011, año en que se estrenó la primera parte de una trilogía reboot, El planeta de los simios: (R)evolución, (Rise of the Planet of the Apes, 2011), que volvería a la franquicia a su antigua gloria y a sorprender a la audiencia con sus mejorados efectos y la gran interpretación de Andy Serkis como el simio César.

Durante todas estas décadas, la saga se vería eclipsada por proyectos inspirados en ella y que supieron sacar provecho, tanto de su presencia como una propuesta innovadora que combinara una gran historia con acción de la cual agarrarse para producir proyectos similares, como de su ausencia una vez que el furor por los simios terminó y dejó cancha libre para nuevas y mucho más poderosas franquicias, como lo fue el caso de La guerra de las galaxias (Star Wars, 1977) y de las posteriores adaptaciones a cine de la serie de televisión Star Trek. A su vez, sería también pionera al contar una sola historia en diferentes capítulos como una línea narrativa que le permitiera moldear los sucesos a voluntad, viajar en el tiempo y ofrecer sorprendentes giros de tuerca; en otras palabras, empezó a trabajar el concepto de “universo cinematográfico” que una década más tarde comenzarían a emplear Star Wars, las primeras franquicias basadas en cómics como Superman y muchas otras: Misión imposible, X-Men, las adaptaciones de Harry Potter y El señor de los anillos con sus posteriores expansiones y, finalmente, el ejemplo maximizado: el MCU de Marvel Studios - Disney.

Los Simpson también predijeron que, en algún momento, tantas secuelas terminarían por ser más Planeta de los Simios del que era necesario.  Fox Television

Cabe recordar también las implicaciones temáticas de El planeta de los simios que, como toda buena obra de ciencia ficción, se mostró como un espejo de la sociedad y el mundo de finales de la década de los 60, y volvió a poner bajo el reflector problemáticas sociales como el racismo, la discriminación y la división de clases, así como el complejo de superioridad humana expresado hacia las demás especies y el medio ambiente. A apenas veinte años de distancia de la Segunda Guerra Mundial y en plena Guerra Fría, la historia sobre un planeta dominado por simios resonó en todos los estratos de la sociedad como una fantasía escapista originada por inquietudes reales contra las cuales el hemisferio norte había peleado a un costo muy grande y que, sin embargo, se mantenían vigentes en esferas tan pequeñas como un pueblo o ciudad en Alabama.

20th Century Fox

Quizá el aspecto más lúgubre de esta situación sea que a cincuenta años de distancia, y pese a la entrada del nuevo milenio, el discurso de Boulle preserve esta cualidad reflejante y nos encuentre como sociedad no muy alejados de donde estábamos en la década de los 60. Si bien el avance en organización mundial y misiones humanitarias a favor del respeto, la igualdad, la lucha contra las enfermedades, la pobreza y el hambre ha dado muchos frutos y se ha incrementado, en gran parte gracias a los avances tecnológicos y los medios masivos de comunicación, también lo han hecho los discursos de odio, intolerancia y rencor a favor del racismo, la homofobia, la política antiinmigrante y el uso de la violencia. No hay más que voltear hacia el norte y ver la forma en cómo los Estados Unidos mantienen presos a los niños indocumentados en la frontera, escena que no desentonaría para nada en cualquiera de las películas de esta franquicia; o el trato que reciben los migrantes en diferentes partes del continente europeo por parte de aquellos identificados como ultraderechistas, o peor aún, de grupos neofascistas que en lugar de perecer han pululado en silencio durante décadas.

Daily Wire

The Telegraph

Habría entonces que preguntarnos si las propuestas cinematográficas como El planeta de los simios se han quedado en la memoria colectiva solo como entretenimiento y no como algo más, no necesariamente una especie de advertencia, pero sí como una invitación ya no al análisis, sino a la reflexión futura de nuestras actitudes como seres humanos para con nosotros mismos y con el resto de los seres vivos. Desde hace milenios hemos alimentado el hambre voraz por conquistar todo lo que se nos pone enfrente, desde un nuevo continente hasta la más lejana de las estrellas, la mayoría de las veces sin que nos importen los estragos que dejamos a nuestro paso. Pero si terminamos en un planeta únicamente habitado por nosotros, ¿qué será lo siguiente en nuestra lista? ¿Nosotros mismos?

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