El efecto Kuleshov

NOTA
Foto por: Fuente: ritasnsantos.com

Una prueba de lo esencial que es la edición en el cine.

Uno de los procesos más importantes en la realización de una película es la edición, durante la que todo el material filmado se recopila, se organiza, se selecciona y se comienza a cortar para darle forma al producto final.

La edición cinematográfica, sin embargo, es una auténtica forma de arte por sí misma, y va mucho más allá de simplemente “cortar y pegar” una película. Un buen editor no solamente ordena la película por secuencias, sino que le da el ritmo y el tono final a cada una de las escenas y se asegura de que funcionen en conjunto, además de solucionar problemas y de arreglar los errores que se cometieron durante el rodaje. La lista de grandes películas que pudieron haber sido un fracaso pero que fueron salvadas por una buena edición es interminable, y cuando el editor hace bien su trabajo éste suele ser invisible para la mayor parte del público.

Sergei Eisenstein, uno de los cineastas más representativos de la era soviética y pionero de la teoría y técnica del montaje.Fuente: http://nofilmschool.com/

Otra de las labores del editor es darle ritmo y cadencia a las actuaciones, que por las condiciones caóticas del set de filmación no siempre funcionan como fueron rodadas, y que gracias a la magia de la edición se pueden arreglar y en muchas ocasiones, hasta mejorar. Uno de los mejores amigos del editor que necesita arreglar actuaciones es el llamado Efecto Kuleshov.

El Efecto Kuleshov es una ilusión mental provocada por el montaje cinematográfico, en la que el público le da un significado diferente a una misma toma dependiendo de la imagen a la que esté unida. Como la edición funciona por medio de la yuxtaposición de imágenes, el orden en el que éstas se presentan puede alterar el significado que les da el espectador, incluso si se trata de las mismas imágenes pero en diferente secuencia. De esta manera, si se nos presenta la imagen de un actor sonriendo y acto seguido vemos a un niño pequeño, asumiremos que el personaje se siente enternecido por él. Si en lugar de un niño viéramos un accidente de coche, entonces podríamos deducir que el personaje es una especie de sádico que disfruta la tragedia ajena.

Este efecto fue demostrado a principios del siglo XX por el cineasta soviético Lev Kuleshov, que como el padre de la teoría del montaje soviético sigue siendo considerado uno de los teóricos cinematográficos más importantes del cine mundial, y para quien la edición representaba la esencia misma del cine. De acuerdo con Kuleshov, el poder del cine radica en la capacidad de la edición para afectar emocionalmente a la audiencia, y para demostrarlo realizó un experimento que hasta la fecha se sigue enseñando en las escuelas de cine:  

Para su demostración Kuleshov editó una breve secuencia en la que la misma toma inexpresiva del actor Ivan Mosjoukine aparecía intercalada con tres imágenes: un plato de sopa, una niña pequeña en un ataúd y una mujer echada sobre un diván. Al mostrársela a un grupo de personas, éstas aseguraron percibir que la expresión del actor cambiaba dependiendo de lo que estuviera viendo: hambre al ver el plato de sopa, tristeza al ver a la niña en el ataúd y deseo al ver a la mujer del diván, y alabaron la expresividad y el talento de Mosjoukine. Kuleshov demostró así su punto, y su trabajo resultó una gran influencia en la obra de cineastas rusos legendarios como Sergei Eisenstein y Dziga Vertov.

Otro renombrado cineasta que aprovechó el Efecto Kuleshov en su trabajo fue Alfred Hitchcock, que lo explicó y lo demostró durante una famosa entrevista en la que, utilizando una imagen de él mismo mirando con seriedad a la cámara, seguida de la imagen de una mujer y un niño pequeño, y posteriormente de otra de él sonriendo, nos transmitía la idea de un dulce y enternecido hombre mayor. La misma secuencia, pero intercalada con la imagen de una mujer en bikini, lo hacía ver en cambio como un viejo pervertido.

El experimento de Kuleshov ha sido repetido por psicólogos e investigadores en años más recientes, obteniendo siempre los mismos resultados, y sin duda se trata de una prueba más de que el poder y la efectividad del cine no solamente dependen de lo que capture la cámara, sino del significado que el editor les da a esas imágenes, y de las infinitas posibilidades narrativas del montaje cinematográfico.

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